Trote Galope

Una cena de amigos, unas miradas y conozco a Albert…Una primera cita fue suficiente para darme cuenta que medía unos centímetros menos que yo, pero no me importaba…me parecía tan interesante, tan atento, que no me importaba verle la raya del pelo desde mis tacones…
Pasadas unas semanas, sin saber como Albert y yo éramos “pareja” y no paraba de hacer planes conmigo y de preguntarme si le quería… (yo siempre guardaba mis silencios pues me parecía un poco precipitado hablar de amor tras unos días de “revolcones”…).

Un día Albert se quedó a dormir a casa, era la primera noche que Albert dormía en mi cama (que no la primera que la tocaba…). Todo parecía que iba bien hasta que me despierta a las 7 de la morning pues se iba a darle de comer a sus caballos… ¿te lo puedes creer?… No tenía hijos, ni perros… sino caballos que cuidar… (Albert era jinete, participaba en carreras de trote y también era profesor de equitación).

Al principio pensé que me estaba vacilando, pero no!!… Con las siguientes citas descubrí que no, que había ciertas horas en las cuales los cuidados “varios” a sus caballos estaban entre nuestras citas…cada mañana y cada anochecer…

Y no es que no me gusten los caballos, pero tanta equitación empezó a molestarme ya que Albert solo montaba a sus caballos… (perdonar, pero tenía que soltarlo…!Sí, sí! En la cama no funcionaba del todo, tenía problemas de concentración…).
Y así fue como empecé a conocer el mundo de los caballos: su alimentación, sus manías, sus enfermedades…Es mas, conocí mejor el mundo de los caballos que el mundo de Albert por que no hablábamos de otra cosa…
Carreras, entrenamientos, apuestas deportivas y kilos de paja en el establo… Y yo allí monísima de la muerte apoyando a mi jinete, como de revista!
Un domingo, como otro cualquiera…terminan las carreras, un paseo romántico por el campo y de repente la frase que jamás olvidaré… ( tampoco creo que la olvide Clóe, mi mejor amiga… ¡)  “Oye cariño, te dejo aquí un momento, tengo que comprar unas herraduras” … Pensé que este tipo de cosas ocurrían en la época medieval, pero no! … allí estaba yo, con mis tacones, mis pantalones de pitillo y mi súper rimel… mirando a Albert, aquel chico “cosmopolita” que compraba herraduras los Domingos…

Como os podéis imaginar, salí al galope (no logré diferenciar el trote del galope..) de aquella história…

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